jueves, 18 de agosto de 2011

¿Qué es la Hispanidad?

Por Juan Vergara, de Hispanismo.org


Estimados todos:

En esta, mi segunda intervención en el digno foro, propongo tratar una cuestión que entiendo que es vital, ante el globalismo impío que rige los destinos de nuestro atribulado mundo. Me refiero al interrogante: -¿Qué es la Hispanidad?
Adelanto mi postura que espero enriquecer con vuestros comentarios.
Como introducción, conviene recordar que nos encontramos en una época crepuscular; cortamos las raíces del Arbol de la Vida y pretendemos seguir viviendo de sus frutos.
Hicimos cierto el trágico grito de Nietzche (Dios ha muerto!).
Si bien es obvio que Dios no muere, lo cierto es que actuamos como si no existiera.
Los deicidas son –conciente o inconscientemente - el modernismo y sus seguidores.
Las Patrias y las ciudades dejaron de ser Sacras y se convirtieron en artificiales.
Los Estados no son justos, ni libres, ni soberanos. No hay más Dux, ni Civitas.
Los políticos no velan por la concordia, el orden y el bien común.
En gran medida son fariseos, saduceos y filibusteros, que luchan entre sí por mezquinas cuotas de poder, por prebendas, cuando no, por imponer su innoble resentimiento, o su dependencia del poder oculto.
Cada día se apartan mas de la Aequitas, asemejándose a conductores de los Orcos.
Estamos en una nueva Babel. No se tolera la buena doctrina.
Por acción u omisión, se sirve a la mentira y al padre de la mentira.
Los pensadores mas esclarecidos no dudan en señalar que estamos en tiempos aquerónticos.
A mero título ejemplificativo, con toda frialdad, países que se consideran la cuna de la civilización practican un permanente genocidio de los seres mas indefensos e inocentes del mundo: los niños.
Se están haciendo experimentos con el genoma humano, que hacen que Frankestein quede un poroto al lado de ellos.
Con la cuestión de género, se concluyó con la familia encontrándose permitido y legislado el casamiento entre personas del mismo sexo; que incluso pueden adoptar.
Mandan los sofistas.
Por doquier hay guerras y rumores de guerra.
El país rector del mundo, asegurando que oye la de Jehová, y cumple con su mandato impone su gélida e inhumana “democracia” violando los mas elementales derechos, precisamente en nombre de ese sistema.
Se proclama una moralina que es capaz de cortar la mano a quién roba una moneda; mientras bendice y apaña a quienes saquean las Patrias y las desangran.
Ante este panorama desolador, resulta imperioso, imprescindible e impostergable reinstalarnos en el ámbito de lo sacro, y presentar -como decía nuestro poeta Leopoldo Marechal -las dos batallas: la celeste y la terrestre.
San Isidoro de Sevilla señalaba que la desesperanza es el camino del infierno, por lo que no nos es lícito, caer en ella.
Ante este paisaje devastado, y en lugar de seguir probando recetas políticas que no hacen mas que acelerar el caos o a lo sumo apenas resultan un transitorio y efímero paliativo, ¿Porqué no recrear la experiencia de la Tradición Política?.
Y en esa recreación juega un papel trascendente la Hispanidad.
Como pregonaba San Agustín, hay conceptos que interiormente sabemos qué significan, pero si nos piden que los definamos, se nos hace dificultoso precisarlos. No hay duda que el tema de la Hispanidad es de una vastedad y profundidad que es imposible abarcar en pocas líneas.
En forma harto precaria, intentaré apenas dar un bosquejo orientador, a modo de un hilo conductor.
No pretendo hacer un “reduccionismo histórico”, o “angelismo”, menos aún un ideologismo o maniqueísmo.
Sabemos que todo lo humano está sujeto a las contingencias, y miserias que nos son propias. No se trata de ilusionarse con una inalcanzable quimera paradisíaca, descarnada de todas las connotaciones que hacen a nuestra propia naturaleza.
Pero si podemos puntualizar aquellos “arquetipos” a fin de que nos sirvan de ejemplo, a mas de agradecerles con devoción filial a todos aquellos que con su labor ímproba, su heroicidad y su visión política nos legaron esta bella testarudez que llamamos Hispanidad.
En la economía de la Salvación, ante la defección del Pueblo Judío, que decidió la muerte de Jesús y persiguió a los Cristianos[1]; se prepararon otras “Fuentes de Cultura”, de modo que por designios misteriosos de La Providencia se fue gestando aquello que San Justino calificó de “Cristianos antes de Cristo”[2], que formaron parte de lo mejor del pensamiento Helénico.
A ello se ha de agregar Roma, con su espíritu fundacional “mas antiguo que el Cristianismo”[3].
No es por casualidad, sino por “causalidad” que San Pedro y San Pablo concurrirán a Roma a hacer el centro de su misión evangelizadora; ni que la gran mayoría de los Santos Padres fueran de origen griego y latino.
Acotaba San Agustín y con el los padres antiguos que el “Catejón” (Obstáculo), que menciona San Pablo como freno al gobierno del Anticristo, “no era otra cosa que el imperio y la civilización romana”[4].
Afirmaba Santa Brígida refiriéndose a Roma “esta Ciudad ha sido elegida por el amor de Dios”[5]. También el poeta hispano Aureliano Prudencio (+ 348), tiene como providencial a Roma y ruega: “Da, Señor, a tus romanos que la Ciudad sea Cristiana… hágase creyente Rómulo y acepte nuestra Fe el mismo Numa”[6].
Basta con ver la fundación Sacra de Roma[7], y la lucha de niveles politicos-metafísicos entre Roma y Cartago, descriptas magníficamente por Chesterton[8].
Con toda precisión, dijo el Papa San León Magno: “Para extender por el mundo entero todos los efectos de gracias tan inefables, preparó la Divina Providencia el Imperio Romano, que de tal modo extendió sus fronteras que asoció así las gentes de todo el orbe”[9].
Mas recientemente, todo ello fue confirmado por Pío XII cuando era Cardenal en una disertación que tituló “Roma: una palabra de misterio“.
Apenas he señalado algunos indicios del pensamiento Helénico y el orden político Romano cuya influencia en España resulta innegable, y porque de allí proviene la lumbre esclarecedora de la Hispanidad.
Con todo acierto, apuntaba Ramiro de Maeztu: “Y así puede decirse que ha empezado a reconstruirse la Hispanidad, obra de siglos, mas espiritual que política, porque de lo que se trata es de reconstruir nuestra propia alma occidental y civilizada que recibimos de Atenas, de Roma y de Jerusalén; las tres ciudades del saber, del poder y del amor, que hemos de unir en una sola”[10].
De allí que la Hispanidad no queda circunscrita a un espacio geográfico, ni específicamente a una raza, o a un país.
Así por ejemplo, no se podría sostener que España haya permanecido siempre fiel a aquello que estamos describiendo, toda vez que en diferentes momentos de su historia se ha visto dominada por el liberalismo, el excesivo racionalismo, imbuida incluso de un notorio espíritu antitradicional, tanto en el plano del quehacer político, como en el religioso.
La Hispanidad es la continuación providencial de la civilización clásica griega y de la obra fundante romana, transfigurada por la Encarnación del Verbo, la Hierofanía del Pilar de Zaragoza, la predicación de Santiago Apostol, y de todos sus sucesores que personificaron históricamente este espíritu –mas allá de los faltas y caídas propias del ser humano- que anhela hacer participes de su empresa quijotesca a todos los pueblos de buena voluntad que deseen incorporarse; y que resultó capaz de “una obra sin precedentes ni parangón en toda la historia humana” [11], como fue el descubrimiento de América.
La Hispanidad es el tronco mas fecundo de la Cristiandad.
Desde el punto de vista católico podemos considerar al Apóstol Santiago como el Homo Conditor de la Hispanidad.
La identificación de Santiago y España es de tal magnitud que se puede decir que “Santiago es España y España es Santiago”[12].
En España hizo oir su predicación evangélica y en ellas, en las riberas de Ebro fue confortado con la prodigiosa visita de Nuestra Señora. Mientras predicaba el apostol, encontrándose algo caido por la falta de conversos, se le apareció la Virgen, que aún vivía sobre el Pilar de Zaragoza y animandolo le indicó que formara una iglesia, acotando que intercedería por todos los que invocaran su auxilio, y que el Pilar estaría allí hasta la consumación de los siglos.
Cumplió Santiago con el encargo y esta fue la primera iglesia en Europa edificada en tierra española[13].
Luego de ello retornó a Jerusalén. Fue el protomártir de los apóstoles[14]. Su cuerpo fue trasladado a España por sus discípulos[15], y su tumba fue redescubierta en el S. XII[16], generándose a partir de ese momento una permanente peregrinación de cristianos de todas las latitudes, dando lugar a lo que se conoce como el “Camino de Santiago”, siendo un soporte fundamental de la Hispanidad.
Cabe recordar las distintas batallas en que en medio de la misma y cuando la situación parecía perdida se apareció con su caballo blanco para combatir a favor de las huestes cristianas.
Aquí en nuestra América Romano-Hispánica también se apareció el Apóstol Santiago decidiendo la lucha de nuestro lado, cuestión que es relatada por los cronistas de aquellos tiempos.
Con relación al Pilar, simboliza la “piedra angular”, la escala que nos conduce al cielo, por donde los Ángeles de Dios suben y bajan[17]; el Pilar que Jacob ungió con óleo y proclamó: “Esta piedra que he erigido en monumento será casa de Dios”[18] es el “typo” del Pilar de Zaragoza, que es el eje central, el puente de gracia entre el Corazón Inmaculado de María y la Santísima Trinidad.
En definitiva, el Pilar nos asegura la unidad en la Fe, la hermandad por el reconocimiento de un mismo Padre y una misma Madre, idéntico Credo, y una Tradición bimilenaria que nos reúne en torno al “Ágape” del “Sacrificium Laudis”; a lo que se agrega una historia que sentimos como propia. De allí que el Pilar es el Arca de la Tradición.
Todo ello unido en el haz de la “Caritas”, porque nada es suficiente sino está enraizado en el amor. Justamente el Pilar es un regalo que nuestra “Madre del amor hermoso”, hizo a España, y nuestros mayores, como hijos agradecidos “le regalaron” las Españas, el Nuevo Mundo, la Hispanidad.
El Pilar es la esperanza, el santo y seña de la caballería andante, la Hispanidad militante que pregona la resurrección de don Quijote y la reconquista del Santo Sepulcro.
Ante un mundo que pareciera unirse bajo el signo del maligno y que prepara los caminos del “amo del mundo”, tenemos la bendición de la Tradición Hispánica: una Fe católica, una lengua castellana, una historia cargada de gloria, una cultura inagotable, una herencia preciosa en la sangre de nuestros mártires, nuestros misioneros, nuestros guerreros, a lo que se agregan todos los hombres de buena voluntad que contribuyeron a engrandecer la Cristiandad, a través de la Hispanidad.
Hispanidad, que en su sentido profundo no fue sectaria, ni racista, ni mezquina, sino que por el contrario, así como estuvo orgullosa de recibir la herencia Greco-Romano-Germana (recordemos que el Emperador Carlos V lo fue precisamente del Sacro Imperio Romano-Germano), también se enriqueció con otros aportes culturales en la medida en que no se oponían a su esencia.
Por el momento no les doy mas lata…
Espero que el tema interese y, obviamente quedo a sus órdenes. Un fuerte abrazo a todos los foristas.

[1] S. Juan 5/16, 7/1, 37/40, 8/37, 11/53; 18/35, 19/7,15
S. Mateo 26/33; 56/66; 27/25.
S. Lucas 13/35;
Hechos 2/36; 3/12; 4/10; 13/27; 8/5
San Pablo: Tito 1/4 ; Tes. 1ºTes 2/5, etc.

[2] S. Justino “Apologías” 1-46.

[3] Cristopher Dawson “La Religión y el Origen de la Cultura Occidental” p. 30.

[4] San Agustín “La Ciudad de Dios” L. 20, Cap. XIX; Castellani “El Evangelio de Jesucristo” p. 401.

[5] S. Brígida “Revelaciones Celestiales”, p. 20.

[6] Aureliano Prudencio: “Obras Completas, BAC, p. 511,513)

[7] Plutarco “Vidas Paralelas” Tº 1, cap. X, p. 59)

[8] Chesterton, “El Hombre Eterno”, cap. VII.

[9] S. Magno “Homilíadas sobre el Año Liturgico” p. 355

[10] Ramiro de Maeztu: “Prologo al libro de Pablo Antonio Quadra, Breviario Imperial”

[11] León XIII

[12] Francisco Gutierrez “La Santa, Semblanzas, Sermones o Conferencias sobre Santos”, p. 78.

[13] Sor Maria de Jesús de Agreda, “Mistica Ciudad de Dios” p. 1288/89, Nº 346 y ss.

[14] Hechos, 12/22.

[15] Calixto II; “Codex Calixtinus”

[16] Manuel Vidal “La Tumba del Apostol Santiago”

[17] Genesis 28/12.

[18] Genesis 28/22

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